Aristóteles: Compendio de la ética nicomaquea

Salvador Cuenca Almenar, Aristóteles. Compendio de la ética nicomaquea, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, [Larumbe. Textos Aragoneses, 92], 2017.

El profesor Cuenca Almenar pone a disposición de todos los interesados en el Aristóteles hispano un compendio anónimo de la Ética a Nicómaco que gozó de una notable difusión en la península Ibérica durante el siglo XV. Los manuscritos castellano-aragoneses que se conocen hoy día de este compendio son diez. Todos son descritos por Cuenca Almenar y cotejados entre ellos para reconstruir su filiación, proceso mediante el cual su editor ha establecido como texto base el manuscrito K-II-13 de la Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. [“Sus lagunas y discontinuidades se han suplido en la medida de lo posible con los otros testimonios conocidos: Barcelona, Arxiu de la Corona d’Aragó, Ripoll 161; Cambridge University, add. 8275; Madrid, Universidad Complutense, Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla, 152; Madrid, BNE MSS/4514, XV3; Madrid, BNE, MSS/6710; Madrid, BNE, MSS/7076; Madrid, BNE, MSS/1204; Oxford University, Bodleian Library, Span.d.1; y Roma, Biblioteca Apostolica Vaticana, Ottoboniano Latino 2054.” (texto de la cuarta de cubiertas)]. La introducción, sobria y bien cuajada de datos y dilucidaciones, propone, por ejemplo, que “a nivel de contenidos, la fuente del Compendio es algún texto de la tradición tomista que podría estar emparentado con la Sententia libri ethicorum y que complementaría la Translatio lincolniensis con los comentarios de Tomás” (p. XXXVII). Por otro lado, el análisis textual lleva a Cuenca Almenar a postular la anterioridad de un texto de “características aragonesas respecto a las versiones catalanas y castellanas conocidas” (XLIII). Se trata, como muestra, de dos conclusiones que discuten y renuevan lo que hasta el momento se había dicho sobre este Compendio. La edición del texto va acompañada de escuetas notas textuales e interpretativas que ayudan a la lectura sin distraerla. El glosario final de conceptos griegos transliterados es un acierto. No se pierdan el extenso, divertido y algo disparatado colofón.

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Antonio Gargano, autor del Lazarillo de Tormes

Lazarillo de Tormes, ed. Antonio Gargano, Venecia, Marsilio Editori, 2017.

Con la edición del Lazarillo de Tormes culminan para Antonio Gargano (Università “Federico II”, Nápoles) años de exigente trabajo. Esta nueva edición de la obra maestra del Renacimiento español solo puede parangonarse en su alcance a la ya clásica de Francisco Rico, a quien, por cierto, está dedicada. En un formato ágil para su lectura y consulta exhaustiva, este Lazarillo va ilustrado por un prólogo interpretativo esencial de noventa y dos páginas y una nota aclaratoria sobre la historia del texto, las razones editoriales y los criterios seguidos para la traducción italiana. Sigue el texto del Lazarillo en edición crítica, a partir de la edición de Medina del Campo (1554), acompañado de una excelente versión italiana a fronte que, en no pocos momentos, sirve también de comentario. El commento propiamente dicho ocupa las páginas 223-276. Constituye una auténtica guía de lectura al sintetizar y escoger las más depuradas interpretaciones, añadiendo las propias, naturalmente. Las notas tienen un carácter unitario que evitan la dispersión y que el lector pueda perderse entre los escombros de la erudición. Cierra el volumen una escueta bibliografía donde se han seleccionado solo las piezas clave para la historia y crítica del Lazarillo. En resumen, el Lazarillo ha encontrado un nuevo autor, Antonio Gargano. La urgencia de disponer de esta edición en español es evidente.

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Anales cervantinos (de Francisco Rico)

Francisco Rico, Anales cervantinos. Notas al margen de un centenario, Barcelona: Arpa Editores, 2017.

El lector asiduo de El País sabe de buena tinta que el otrora profesor de literatura y académico vitalicio Francisco Rico, ni trasnocha ni fuma. Semejante tenor de vida proporciona a FR reposo y salud para acometer temibles empresas. Quien haya seguido las andanzas periodísticas de FR en el diario de cabecera del mundo hispanohablante ya tiene mucho camino avanzado en estos Anales cervantinos, pues la mayor parte de su sustancia se había publicado en aquel por entregas al hilo de las conmemoraciones cervantinas de 2015 y 2016. A través de tales entregas el lector de ahora pudo conocer tanto de Cervantes y el Quijote como de Francisco Rico, que en sus contribuciones retrata a todas estas tres personas y personajes. Lo hizo entonces a saltos, mientras que en el libro de hoy de manera enteriza. Sean cuales sean sus vicios y virtudes personales, cabe decir que de la  lectura y comprensión de la aludida trinidad salimos tan regocijados como aleccionados. Con manifiesta humanidad (y, por tanto, con manifiesta, pero compleja, llaneza) FR pone al descubierto a los necios y a la necedad, sus causas e instituciones. Entre cándidos y jeremías, la idiocia campa a sus anchas, más allá del antiguo y conocido campo de Montiel. Todos los adminículos críticos y filológicos con que FR ilustra a la nación para mejor comprender el Quijote, a Cervantes y a sus épocas, están muy bien: nos educan para la lectura. Los coscorrones, como en el Lazarillo, y luego en las adversidades del hidalgo y caballero manchego, nos educan para la vida. Ambas educaciones son complementarias.

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Viaje a la muerte

Joaquín Rubio Tovar, Viaje a la muerte, Madrid, La Discreta, 2016.

El lector amante de las salpimentadas novelas de intriga de Eduardo Mendoza y de Andreu Martín encontrará en Viaje a la muerte un pendant o correspondiente madrileño en las tres novelas del ciclo Carrasco, ideado por el filólogo y prosista Joaquín Rubio Tovar. Tras El sueño de los espejos (2008) y Alguien envenena a los pájaros (2011), el comisario Carrasco regresa a las librerías sin haber querido intimar con su autor, pero habiendo conocido, siquiera de lejos, a su padre literario, y sabiéndose ya letra impresa y alimento de, al parecer, pocos lectores. Tenía que ser, naturalmente, en un año tan cervantino como 2016.

El astuto e insobornable comisario José Carrasco vive horas bajas tras su precaria y poco honrosa prejubilación. Se ha instalado en los altos de una peluquería de barrio y acepta casos de poco pelo de entre los cuales surge un encargo excepcional que llevará al ahora detective privado Carrasco a investigar, con el auxilio de un puñado de sagaces inadaptados, un caso con ramificaciones internacionales y sembrado de muertes.

El estilo tragicómico de Joaquín Rubio se presenta en esta novela más depurado que nunca, con una sintaxis que por momentos parece arrancada del Antiguo Testamento, diáfana y cortante en los inicios, pero que se va enmadejando según avanza la trama. La narración, que comienza, clásica, con dos líneas paralelas, se ramifica secuencia a secuencia, en un crescendo orquestal que recuerda al del famoso bolero de Ravel. La extraña situación inicial, todavía en los límites de la razón, se fragmenta y desarticula conforme progresa la insólita aventura, desembocando en un finale donde los hechos claudican ante el absurdo de su origen y el contexto económico y social que los ha propiciado.

La intriga, como siempre en las novelas de Carrasco, se ve salpicada de reflexiones muy atinadas sobre las falacias del hombre moderno y su insoportable estupidez. Frente a ella se alzan los marginados, pobres estoicos de apariencia ridícula que proceden, como don Quijote y Sancho, de los pueblos de La Mancha, como uno de los antecedentes de Carrasco, el Plinio de García Pavón. Estos lúcidos cuasi mendicantes, seres anfibios de la cultura moderna, criados entre el pueblo y la ciudad, no son muy diferentes de aquellos personajes que pueblan los tebeos de Mortadelo y Filemón en Ibáñez o las viñetas de Forges, siempre trascendidos por una cándida y a la vez socarrona integridad moral.

Sus formas son sanchoquijotescas en grado sumo, pues en ellos, el vuelo alto y a ras de tierra se alternan sin solución de continuidad, con lo que pasamos de una página a la otra de la lengua del sainete a refinadas bromas centroeuropeas en las que surge, por ejemplo, el nombre de Bruno Walter. Todo es al mismo tiempo subterráneo y aéreo, y en eso Carrasco y Joaquín Rubio nos recuerdan en ocasiones a Edgar Neville, Gómez de la Serna, Valle-Inclán… Penetramos en los reinos de Plutón, en el laberíntico subsuelo de Madrid, mientras en la superficie los trayectos de los personajes se suceden como en una vista aumentada, pero también deformada, de googlemaps. Y, finalmente, todo se refiere a eso tan aéreo, extra corporal, como es la vida después de la muerte, y la pesadilla de no podernos librar siquiera de la vida después de muertos, porque ciertas grandes corporaciones, que ya nos exprimen hasta el último aliento, se han empeñado en amar nuestros lamentables bolsillos más allá de la muerte. Una divertida parábola que, por momentos, nos puede dejar helados.

Ver libro en Editorial La Discreta

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Antonio de Nebrija, Apología

Antonio de Nebrija, Apología, estudio de Pedro Martín Baños, edición y traducción de Baldomero Macías Rosendo, Huelva: Universidad de Huelva [Bibliotheca Montaniana, 33], 2014.

Se nos hace ahora accesible, en edición crítica del texto latino y traducción castellana, la Apología de Antonio Nebrija, donde el maestro de Gramática y Retórica se despacha a gusto contra quienes defienden a capa y espada una ortodoxia respecto al texto de las Sagradas Escrituras que, disfrazada de piedad, no es otra cosa que testimonio de la barbarie de aquellos que, replegados al espacio dogmático, despreciaban el diálogo de la tradición textual bíblica y la importancia del conocimiento de las lenguas hebrea y griega para la correcta constitución del significado del Texto Divino. La traducción del título de la obra declara que se trata de una Apología del gramático Antonio de Nebrija con ciertos pasajes de las Sagradas Escrituras expuestos no a la manera corriente. El texto de Nebrija es de la potencia intelectual y de la solidez de conocimientos y sutileza a la que están acostumbrados quienes conocen su obra. Es preciso agradecer a Baldomero Macías su traducción, que no solo refleja perfectamente lo latino, sino que lo hace con la elegancia y tersura del original. En definitiva, que tanto la cara izquierda (latina) como la derecha (romance) se leen y alternan con sumo gusto.

Precede al texto de Nebrija un extenso estudio (99 páginas, con bibliografía) de quien en estos días es probablemente su mejor conocedor, o quien al menos ha trazado su más contundente bibliografía, Pedro Martín Baños. Con la erudición y claridad que le es característica, Martín Baños se ocupa de una lectura de la Apología en clave humanista, señalando los objetos textuales y culturales que le sirven de trasfondo, sitúa la Apología también en el contexto de la obra del propio Nebrija y su evolución, retrata la controversia ante el Santo Oficio (Salamanca, 1505-1506), desgrana los trabajos bíblicos de Nebrija con Cisneros y, desde luego, estudia con calidad de gran experto todo lo relativo a las ediciones y manuscritos de la obra en cuestión.

Una obra, pues, de referencia para todos los interesados en la posibilidad de estudio de un humanismo español o castellano y un paso más en la inexcusable recuperación e interpretación del patrimonio textual e intelectual que nos legó uno de los más grandes ingenios de su tiempo, Antonio de Nebrija (1444-1522).

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Epitoma rei militaris en castellano: la versión y las glosas de Alfonso de San Cristóbal al tratado de Vegecio

José Manuel Fradejas Rueda, ed., La versión castellana medieval de la “Epitoma rei militaris”. Flavio Vegecio Renato. Alfonso de San Cristóbal, San Millán de la Cogolla: Cilengua [Insituto Literatura y Traducción. Monografías, 4], 2014.

La versión castellana de la Epitoma rei militaris de Flavio Vegecio (ss. IV-V d.C.) y, desde luego, sus glosas literales y espirituales, clamaba/n por una edición que pusiera en efectiva circulación uno de los textos más singulares y a la par característicos de la cultura letrada castellana de finales del siglo XIV y principios del siglo XV. El atractivo del texto es indudable para quien lo conozca siquiera de lejos así que, en un momento en que escasean las obras de cierta trascendencia de nuestra baja Edad Media por editar, corría el peligro de haber caído en manos o inexpertas o perezosas. No ha sido así por suerte. José Manuel Fradejas Rueda es conocido por su calma y discreción en el trabajo, esto es, por no precipitar conclusiones y tomarse el tiempo necesario para resolver problemas textuales que no se solventan si no es con tiempo y pericia. La tradición textual de esta obra no es particularmente extensa, pero sí compleja en su evaluación y problemática en cuanto a los criterios editoriales a emplear para la correcta representación de su transmisión.

El texto base que ha servido de soporte a esta edición es el manuscrito de la Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial P.I.23 (O), opción que Fradejas defiende con rotundidad después de haber pasado revista a toda la tradición en orden a una auténtica constitutio textus: “La presente edición del Libro de la caballería, es decir, de la versión castellana de la Epitoma rei militaris de Flavio Vegecio Renato realizada por el fraile dominico Alfonso de San Cristóbal para el rey Enrique III de Castilla y León, se basa en el ms. O (Escorial, P.I.23), el cual se presenta, a pesar de los errores inherentes a toda transmisión manuscrita y de los accidentes físicos que ha sufrido (pérdida de dos folios), como el codex optimus.” (pág. 121).

Precede a la edición del Libro de la caballería una extensa introducción y bibliografía (132 págs.) donde se desgranan los datos que han podido ser recabados hasta la actualidad acerca del autor y su obra, por un lado, y se sitúa la labor de Alfonso de San Cristóbal, por otro, en el contexto de las traducciones vulgares en el dominio galorrománico, italorrománico y anglo-germano,  además del propio espacio ibérico, mostrando así la justa dimensión de la difusión del texto en Europa y, por ende, las razones de su éxito en la Castilla del Cuatrocientos. Sigue luego una cuidada descripción de los testimonios que conservan el Libro de la caballería, noticias acerca del patrocinador, el traductor, la traducción y su modelo subyacente (un manuscrito latino de la familia beta y otro de la familia epsilon, empleados en los libros I-III y IV respectivamente), un estudio de las glosas, de la transmisión de las tres familias que detecta el editor y de la posición del conocido como Libro de la guerra (antaño atribuido sin criterio a Enrique de Villena, pero en realidad una adaptación minorada del libro tercero de la traducción de San Cristóbal), para acabar con los criterios de edición y selección del texto base.

El texto del Libro de la caballería va acompañado de su aparato crítico y notas, sección por sección. Se cierra el volumen con un índice de antropónimos, topónimos y títulos y un índice de manuscritos.

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Víctor Infantes: artificios gráfico-literarios

Víctor Infantes, Lyra mixta. Silva ejemplar de artificios gráfico-literarios, Madrid: Turpin Editores [Los Libros de Sansueña, 7], 2015.

Infatigable escrutador de los pormenores textuales y bibliográficos menos conocidos de nuestra literatura áurea (imprescindibles para comprenderla de lleno), Víctor Infantes ha tenido la gentileza de reunir, en un grueso volumen, 28 trabajos de amor filológico dispersos en las más variadas publicaciones académicas, algunos de ellos ya rarezas para bibliófilos. De ahí, entre otras razones, la importancia de que estudiosos y bibliotecas dispongan ahora de este libro, tan instructivo como curioso y ameno. Quien no conozca todavía algunos de los trabajos que en el cuerpo de sus páginas figuran, tendrá entretenimiento y sorpresas para largo.

Texto de la cuarta de cubiertas:

“Se reúnen en este libro veintiocho trabajos realizados a lo largo de más de tres decenios de investigación que abordan una temática (prioritariamente) común: las complejas relaciones entre el texto, los textos, y la imagen, las imágenes, a lo largo de varios siglos, aunque con especial atención a los siglos XVI al XVIII. Aparecidos en revistas, colectivos, homenajes y publicaciones de muy diversa consideración, y de no fácil acceso actual, se han agrupado formando un análisis continuo y detenido de una multitud de testimonios escondidos en manuscritos y ediciones antiguas que suponen el rescate de una manera de entender y expresar la poesía que se enfrentaba con la retórica tradicional imperante. Un estudio decimonónico los titulaba como esfuerzos del ingenio literario, con el afán de significar el artificio de sus autores y los resultados gráficos de sus logros poéticos.

Se ha titulado Lyra mixta, pero podría acogerse a otros muchos rótulos: la escritura de la imagen, la literatura gráfica, la representación del texto, el texto como figura, etc., que, en el fondo de su sentido, quieren expresar lo mismo. Se aborda el universo icónico y textual de la emblemática, la cartografía de los acrósticos, pentacrósticos, laberintos, caligrafías y demás formas gráfico-literarias de la poesía figurada; con multitud de reproducciones, donde el lector, también como espectador, puede asistir al espectáculo tipográfico de las más alambicadas formas de expresión poética experimental a lo largo de varios siglos.”