Víctor Infantes, Ludo ergo sum. La literatura gráfica del juego áureo, Madrid: Turpin Editores [Los Libros de Sansueña, 6], 2014.

“El juego, el jugar, como concepto antropológico y cultural que afecta al individuo, por tanto al juego como actividad personal al practicarlo, pero también a la sociedad donde ese individuo se inscribe y entonces el juego aparece como actividad colectiva y la persona puede ejercer de participante o de espectador, incluso -y para determinadas manifestaciones- el juego aparece con la etiqueta de clandestino y prohibido; aunque también, en otro orden muy distinto de su aplicación, el juego sirve como instrumento en las actividades de la formación y perfeccionamiento del individuo.

Por tanto, el juego amplía su campo de significación como evasión activa de la realidad, pero también como transgresión de la misma, es decir, el juego como actitud lúdica ante diferentes facetas de la actuación del individuo en su vida personal y de su participación en las tareas sociales del estamento al que pertenezca.

En este libro se recopila lo que dio de sí el juego y su representación gráfica en la España de los Siglos de Oro, con multitud de ejemplos ilustrativos que rescatan la imagen del universo irónico de una sociedad profundamente lúdica, ante el desengaño de sus numerosas crisis políticas, sin olvidar la censura eclesiástica y civil que rodea casi todas sus actividades. El juego como instrucción, como metáfora literaria, como muestra de su esplendor público y civil, pero también como síntoma de una actividad clandestina. Al fin, ludo ergo sum, todos los juegos: el juego.” [Texto de la cuarta de cubiertas]