Hoy que sabemos que se reducirán en un 20% los fondos destinados a la investigación en España la pregunta es pertinente: ¿cuánto vale (o cuesta) un artículo científico? La pregunta es opuesta a esta otra muy similar: ¿cuánto vale un artículo?

La mayoría de los investigadores titulares en España cobran, según el tiempo de servicio prestado o su categoría administrativa, entre 2.000 y 3.000 euros mensuales. Cualquiera de estas cantidades puede verse ligeramente incrementada si se asumen responsabilidades con gran carga laboral como la dirección de un Laboratorio, un Instituto de Investigación, un cargo académico como el Decanato de una Facultad o formar parte de un equipo rectoral, por ejemplo. El sueldo de un investigador titular en la Universidad incluye, básicamente, estos tres conceptos: investigación+docencia+gestión. Según cada persona predomina uno u otro perfil.

Cuando un investigador del sistema universitario español publica un artículo científico (no de divulgación) lo hace siempre en el marco de publicaciones (revistas o editoriales) académicas de prestigio y relevancia en su campo, cuyo valor está evaluado por sesudas comisiones. Así pues, no tiene el mismo valor científico publicar en la famosa Nature, que en la Revista Anatómica de la Universidad Plegable de Los Zagalejos (si esta última existiera) o en Revista de Filología Española o en Romance Philology que en la Revista de Estudios Literarios y Lingüísticos de Valgamediós de las Navas (si esta última existiera).

No tiene el mismo valor científico, digo, pero en más del 90% de los casos, y sobre todo en las publicaciones relativas a las Humanidades, sí tiene el mismo valor económico: cero céntimos de la moneda que sea, esto es, nada.

En general los investigadores españoles cobramos una cantidad fija (o casi) por nuestro trabajo y nada (o poco más que nada) por publicar muchos o pocos artículos en las revistas científicas más prestigiosas y exigentes.

Que las cosas son así es algo que deben saber nuestros ciudadanos. De ese modo serán más conscientes de la indignidad que supone, fuera del circuito científico auténtico, cobrar 3.000€ por un artículo, se llame su autora Amy Martin o Recesvinta. La misma consideración va para las cantidades astronómicas que expresidentes y otras figuras llamadas “relevantes” cobran por una conferencia, cuando los investigadores españoles solemos hacerlo no pocas veces gratis, a cambio de viaje y alojamiento (con modestia). Y hasta en ocasiones, por hacer un favor a un colega, corremos nosotros con los gastos de nuestro propio bolsillo. Esta es la situación de la ciencia española, y no la de la opípara existencia de aprovechados y advenedizos que, evidentemente, saben mucho de economía, tanto como desconocen de todo lo demás, incluida una larga lista de virtudes morales.

En todo caso, si una institución o persona privada decide pagar a alguien por su voz o por su palabra una fortuna, sea, es su elección personal, aunque esta elección pueda estar motivada por conseguir algo a cambio de este pago fabuloso. Pero que en una fundación o institución pública o semi-pública se paguen las mismas cantidades, sea IDEAS, FAES o cualquier otra sigla, es sencillamente inadmisible.

Y yo me pregunto, si un amigo poderoso hubiese decidido publicar estas palabras como columna en un diario nacional o en un informe de la fundación que gobierna, ¿cuál habría sido su valor? El que tienen aquí ya lo saben: cero, nada.