Día negro (sobre negro) en el calendario: hoy Jaime Ercilla (Jaime “el de Radyre”) me confirma que el negocio cierra. El cierre fue comunicado a los trabajadores el 20 de octubre pasado. Desde entonces figura en los escaparates una fúnebre publicidad de liquidación.

Eso es justamente lo que ha ocurrido, una liquidación. No de los artículos que en el tal negocio se venden, que son todos más o menos prescindibles o intercambiables, sino la liquidación de una institución cultural en Salamanca desde hace ya 16 años.

La sección de música y cine que ha coordinado Jaime Ercilla en este comercio muy próximo a la Plaza Mayor de Salamanca ha sido un punto de encuentro para cientos de personas que han encontrado en esos pasillos estrechos y atestados de vida, una vía de escape de los pasillos desencantados de los centros comerciales donde con frialdad e ignorancia apabullante se ofrece cultura transformada en mercancía.

Jaime, por sí solo, ha devuelto durante estos años a la mercancía su condición de cultura. Ha ofrecido al especialista y al buen conocedor de cualquier género fílmico o musical un servicio de una calidad extraordinaria (que solo se encuentra en ciudades de primer orden y en lugares muy especiales, pienso en Nueva York, por ejemplo). Ha orientado, por otro lado, con paciencia infinita y una sonrisa, al que no sabe, realizando una obra de caridad impagable. Infatigable en su trabajo (del que tantas veces no ha desconectado ni siquiera en las horas de descanso) ha procurado siempre estar a la altura de sus más exigentes clientes, y la mayoría de las veces ha estado por encima de ellos, pero con una discreción absoluta. Conocedor de tantas cosas no ha gastado nunca más palabras de las necesarias, agradando o ayudando siempre e incomodando nunca.

La presencia de Jaime y su amor por el trabajo ha convertido un montón de estantes de conglomerado y miles de cajas de plástico envuelto en celofán en un lugar cálido, donde siempre apetecía pasar un buen rato, donde, como en las buenas librerías, se aprendía solo mirando (y escuchando). En fin, en un lugar mágico, al que muchos aludíamos en las cenas con los amigos como un ejemplo y un refugio de la necedad general. No creo que sea casualidad que el primer apellido de Jaime sea el de uno de nuestros grandes autores épicos, Ercilla, pues él le ha contribuido a que los sueños que buscábamos en los estantes tuvieran el brillo heroico al que aspirábamos con unas pocas monedas.

Cuando le he dicho a Jaime esta mañana que con Radyre desaparecía del centro vivo de Salamanca una institución cultural la institución a la que me refería no era otra que él mismo. La vida nos enseña que, en efecto, todos somos contingentes, pero unos más que otros. Jaime es y será necesario, donde quiera que trabaje, porque en torno a él existirá siempre una comunidad de personas que no renuncian a ser eso mismo, personas.

Y dicho esto, y en términos más generales, ¿de verdad existe eso que en los medios de comunicación llaman “cultura” empresarial? ¿O más bien esta “cultura” es incompatible con el término ‘empresarial’? Mal está que las grandes empresas pongan a las personas en la calle unilateralmente. Pero, entre pequeños y medianos, ¿no existen fórmulas intermedias, desde la cooperativa, a la rotación laboral, la rebaja temporal y recuperable de sueldos…? ¿O acaso es mejor atenerse a un “Ande yo caliente y muérase la gente”?

Los salmantinos en particular debieran estar atentos a cierres como el de Radyre, porque cualquier día puede ocurrir algo similar con la Librería Cervantes, y sin esta y alguna otra más la ciudad se acercará pasito a pasito al yermo cultural de los centros comerciales, que pasarán de la periferia a ocupar el corazón de la ciudad, para que la barbarie circule mejor así por las arterias de todos.

Piénsenlo todos bien. Hoy los barrenderos de Salamanca lucen el emblema de “Culta y Limpia”. Mañana quizás sea solo el de “Limpia” (de cultura, que no de basura).