La grabación de la rueda de prensa a Marcelo Bielsa me ha cautivado durante casi hora y media, en la que he escuchado con admiración las palabras de un hombre íntegro. Como intelectual (a pesar de lo denostado del término en España) leo, escucho y analizo todo tipo de textos y discursos de hombres de letras, de pensadores, artistas, políticos, e incluso de algunos pocos periodistas sensatos que existen en el mundo.

Hacía tiempo, sin embargo, que no encontraba (fuera de las lecturas de los clásicos) un ejemplo de honradez personal y civil tan expresivo y elocuente como el de Marcelo Bielsa, un hombre de fútbol. Frente a los livianos, los superficiales, los seguidistas, los improvisadores, los hambrientos del aquí y ahora, del todo o nada, de la ruleta rusa como forma de vida, un hombre con argumentos, con responsabilidad, con criterio, que ama meditar sus decisiones y las consecuencias de las mismas, que trata de conocer sus límites para mejorar como persona y mejorar a los que forman su entorno, su comunidad más inmediata pero, también, sin veleidades místicas ni pretensiones absolutas, de mejorar a quienes están al otro lado, ahí, intangibles: al público, al espectador.

Marcelo Bielsa es apodado “el loco” en el ámbito futbolístico, probablemente por su carácter obsesivo en el trabajo y su compromiso con el mismo. Pero sin duda el apodo es utilizado en otro sentido por la canalla que prefiere hacer pasar su brillante argumentación por una ofuscación del entendimiento, y que incluso se atreve a hablar de sainete, infantilismo y términos semejantes. Son quienes así piensan y sienten quienes pudren nuestra sociedad y que sabedores, además, de que no encontrarán en personas como Bielsa a un justiciero de su miseria humana, lo hacen con total impunidad.

Marcelo Bielsa no se considera, honestamente, mejor que nadie, pero actúa con la valentía de quien no pretende quedar bien con nadie salvo con su conciencia. No es testarudo, como se le achaca, ni aprovecha sus posibilidades como hombre público para dramatizar o lanzar las calculadas pero irreflexivas soflamas de otros colegas suyos.

No se trata de que Marcelo Bielsa dignifique la profesión futbolística, sino de algo tan simple pero de mayores dimensiones, como lo siguiente: las palabras de Bielsa, su coraje civil, la ponderación de cada uno de sus argumentos, su seriedad y rigor, el modelo de austeridad, responsabilidad y de compromiso que propone, y una larga serie de virtudes públicas que en él se muestran, dignifican al ser humano.

Si Marcelo Bielsa tiene algo de loco será como aquel de Nietzsche en La Gaya Ciencia o en Así habló Zaratustra, que aparece con su linterna en pleno día para desenmascarar la miseria espiritual de los hombres. Si es furioso o frenético lo será en este sentido, y no en el que sugieren los periodistas pagados de sí mismos, y quién sabe si de otros bolsillos que no son los de la empresa para la que trabajan. Es una bajeza que en un periódico como El País se tilde a las palabras de Marcelo Bielsa de “furiosas críticas” cuando sus palabras son, al contrario, un modelo de lucidez y contención.

Si nuestra república estuviera gobernada por hombres de verdad como Marcelo Bielsa quizás perderíamos un par de finales, en vez de ganarlas, pero al menos recuperaríamos la dignidad que a manos llenas dilapidamos cada día.

Invito a todos a ver la grabación completa y a comprender las palabras de Marcelo Bielsa más allá de su contexto específicamente futbolístico. A mí al menos me han reconciliado con mis semejantes, porque yo mismo he deseado estar siempre a esa altura a pesar de mis infinitas imperfecciones, y eso es lo que me gustaría encontrar en los que me rodean.

GRABACIÓN