Paolo Bensi, Juana. Dramma in due atti, Florencia: Le Cáriti Editore [Talia, 8], 2011.

Un escenario desnudo, cercano al vacío, una cámara oscura, un espacio mental. Tres personajes (trinos) y uno solo verdadero, en lucha por una identidad disputada. Tres actos y una idea que traspasa a todos ellos. Juana, sor Juana Inés de la Cruz (1648?-1695) y dos hombres, el Filósofo y el Eclesiástico, en una celda del convento femenino de San Jerónimo, en Ciudad de México, 1693. Asunto: el forcejeo intelectual del Filósofo y el Eclesiástico con Juana, violentada hasta ser conducida a una renuncia ominosa, a la anulación de su vida expresiva: la derrota de la diferencia por la convención anodina y banal de una vida de entrega sin significado para los otros. La diferente incomprendida, sospechosa, la luminosidad temida; en definitiva: Juana en el diván, un psicodrama.

El autor de este drama es Paolo Bensi, laureado en Farmacología con una tesis experimental titulada Sulla natura del gruppo carbonilico delle aminossidasi contenenti rame. Si uno es invitado a cenar por dos amigos, uno profesor de literatura, otro farmacéutico, ¿cómo imaginar que al día siguiente (con exquisita prudencia, no en el ardor de la conversación nocturna), será el farmacéutico y no el profesor de literatura el que le haga regalo de una obra dramática de su puño y letra?

Este hecho me conmovió: en realidad entre personas cultivadas no debería tratarse de una rareza, sino antes bien de una muestra de que más allá de las rendiciones cotidianas a la baja política y a la infra economía, existe una vida civil sólida, con ideas fuertemente asentadas.

Fuera de toda aparente lógica de actualidad y, en cierta medida, de los senderos del género literario, surge Juana, el drama en dos actos de Paolo Bensi, de profesión farmacéutico, de ambición, ciudadano.

Drama significa para este texto pensamiento representado. No conviene juzgar el texto desde el punto de vista de la escena, pues este es un drama despojado, un teatro interior, una psicomaquia. Como acción dramática el texto pudiera ser tan aparentemente estático como un drama litúrgico del medioevo; como devenir de ideas enfrentadas es fluido en su característico perpetuum mobile dialéctico del sic et non. No son más que tres personajes: no siempre todos ellos se encuentran en escena, ni siquiera Juana, la protagonista.

Las dramatis personae recuerdan a las figuras de la poesía alegórica medieval, o al auto sacramental hispano: Juana (Mujer/Hombre); Eclesiástico (Fe); Filósofo (Razón). Su conversación, siempre alada, sobre argumentos elevados, los atrapa, más que en la dinámica del drama, en la del coloquio espiritual o coloquio de ideas.

Los escarceos de intercambios a tres voces son más escasos y menos representativos que los diálogos a dos voces: Juana-Eclesiástico / Juana-Filósofo (más breve) / Eclesiástico-Filósofo… Estas son las tres unidades dialógicas básicas entre el principio y el fin de la obra. Tal situación invita a pensa que no existe una encarnación real de los personajes, sino que esta trinidad habita exclusivamente en un debate mental, en un sueño, por emplear una expresión juanina. Importa más pensar en ellos como ideas parlantes que como personajes de carne y hueso.

Las posiciones de los personajes son claras y hasta cierto punto estáticas, pero no imponen una presencia monolítica, sino que se deslizan en su conversación a una llamativa apertura, la del público (atípico) que reclama la obra.

Esta obra “de tesis o ensayo”, si es válido recuperar marbetes de hace unas décadas, no es, con todo, un mero experimento, pues al autor le falta una voluntad estética decidida que se enseñoree de la escritura. Por ello es más relevante en su intención la propuesta de una conversación civil, la invitación a reflexionar sobre viejos temas en calidad de nuevos y acuciantes, pues nunca llegamos a desprendernos de ellos.

En este sentido concreto, la obra navega a contracorriente: esos temas centrales de nuestra tradición humanística se consideran en el mercado literario old-fashioned. El drama, a la postre, tampoco se propone indagar sobre la compleja personalidad de sor Juana (a propósito de la cual la bibliografía y las posturas, tradicionales y posmodernas, son infinitas); tampoco en los asuntos del México colonial; pero sí en otros que son de los tiempos de siempre y de los que debiéramos ocuparnos, no digo que todos los días, pero sí de vez en cuando: como yo mismo aquella tarde de jueves en que leí Juana y no me cuidé del canon occidental ni de parnasos poéticos, sino del placer de corroborar que resisten ciudadanos con los que dialogar fuera del espacio estrecho de nuestras propias mentes.

 

Sobre Sor Juana Inés de la Cruz véase el espacio dedicado en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.