Sólo son indispensables las cosas (aparentemente) inútiles [Francis Picabia]

De la officina victoriana (la de Víctor Infantes, vaya), me llega el último mes un cesto con varias frutas. No sabe uno bien a cuál hincar el diente primero. Empezamos por el tradicional aguinaldo, nada más y nada menos que una Navegación para el Cielo (Barcelona: Ioseph Llopis, 1688) que compone un cartujo como carta de marear para llegar sanos y salvos al puerto que más interesa. El texto hay que verlo, más que leerlo, por el plegado editorial, entretenido billete de amores sacros y prenda de bibliófilos. Todo ello va explicado como, en este caso, dios manda, con su bibliografía y razones apostadas.

La segunda fruta o aperitivo es, secunda secundae, la parte II del “Censo de ejemplares de la primera edición de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (Madrid, Juan de la Cuesta, 1605)”, Anuario de Estudios Cervantinos, 7 (2011), págs. 25-52, que trae 6 nuevos ejemplares que añadir a la lista de 14 de la primera entrega. De ella y del Grupo PrinQeps 1605 ya hablé en un anterior “Acuse de Recibo”.

La tercera cosa es una de esas labores bibliográficas y de historia cultural que amenizan tanto como ilustran: “Un ejemplo áureo de la escritura gráfica de la oralidad. Proverbios en imágenes, refranes en acción”, Cultura oral, visual y escrita en la España de los Siglos de Oro, dir. José María Díez Borque, eds. Inmaculada Osuna y Eva LLergo, Madrid: Visor Libros, 2010, págs. 331-365. Todo parte de don Francisco Vindel, así que quien desee saber más tiene el disfrute garantizado. A quien no le interesen los detalles y las historias de libros, mejor puede dar una vuelta por la parroquia y estirar las piernas.

Luego, para quien salte aperitivos y postres, hay también un plato principal, bien alimenticio; re-lea el último libro de Víctor Infantes, La trama impresa de Celestina. Ediciones, libros y autógrafos de Fernando de Rojas, Madrid: Visor [Biblioteca Filológica Hispana, 121], 2010, con sus tres partes. Si alguno (que habrá) hace tiempo que no revisa cuestiones celestinescas, pero sigue hablando u opinando de ellas, cuidado, se le pueden caer los palos del sombrajo.