No secundaré una huelga o manifestación “de funcionarios” el día 2 de junio (ahora parece que será el 8).

¿Contento con el recorte del 5% y la congelación? No ¿Considero que se trata de una medida justa o adecuada; la acepto? Sí, la acepto, con algunos matices. Habría preferido que me consultaran antes si estaba dispuesto a asumirla. Habría respondido que sí, por espíritu de solidaridad y por responsabilidad ciudadana. También por el honor y dignidad de mi profesión.

Las protestas del próximo día 2 no serán más que una caricatura para el resto de ciudadanos asalariados o en paro, dado el desprestigio y la caricatura constante de la función pública. Muchos se alegrarán de la carga impuesta a los funcionarios.

El funcionario debe preguntarse si es víctima de reprobables tópicos o ha participado en su fomento. Por ejemplo, ¿han protestado los funcionarios antes de que se tocara su propio bolsillo? En términos generales, no.

Precisamente el funcionario tiene ahora la oportunidad de demostrar que, una vez logrado el premio a su esfuerzo tras aprobar algún tipo de oposición, no se ha dejado dormir en los brazos del oportunismo egoista y la indolencia, sino todo lo contrario.

La mayoría de los ciudadanos, en conjunto, somos víctimas, activas o pasivas, de un sistema financiero depredador que mira por el logro individual y no por el bien público. Será mejor pagar los platos rotos que comer en el suelo, pero hemos de exigir, en adelante, un control riguroso que defienda el bien común frente a la rapacidad de personas sin escrúpulos. Es ahora el momento de las regulaciones positivas, como por ejemplo el control del beneficio para impedir la especulación. El doble de lo invertido debería ser un tope legítimo y suficiente de enriquecimiento para cualquier emprendedor.

Deberíamos caminar hacia delante sin resentimientos ni rencores. Hace cuatro años, por ejemplo, un trabajador sin estudios podía despreciar a un funcionario cualificado y disfrutar incluso de un mayor poder adquisitivo. Aplicar ahora por nuestra parte la fábula de la cigarra y la hormiga u otro argumento especioso por el estilo sería inhumano y poco civil.

No colaborar en el bien público significa aceptar que se acrecienten las injusticias, como que el dinero destinado a la cooperación exterior se disminuya drásticamente. ¿En qué culpa han incurrido los que nada poseen?

Personalmente estaría dispuesto a aceptar una reducción del 10%, pero impondría condiciones. Que ese otro 5% adicional sólo pudiera ser empleado y sumado a los gastos en investigación, tan necesarios para impulsar nuestra sociedad. Además exigiría que fueran devueltos gradualmente en el momento en que llegara la recuperación, con opción a que esa inversión del grupo de funcionarios pudiera transformarse en bonos u otro género de accionariado de Estado.

Funcionariado es igual a función pública y, más que un sueldo, es para muchos una vocación. La mayor parte de los funcionarios de escala media-alta podrían haber trabajado en empresas privadas con sueldos más altos. La mayor parte de ellos ejercen la función pública por responsabilidad democrática. La democracia no es el derecho a votar, sino el derecho y el deber de constituir a través de nuestras acciones civiles una sociedad justa y pacífica.

De hecho, no dudaría en asumir mayores cargos en beneficio público para los funcionarios de los cuerpos medios-altos si se aceptara dignificar de una vez por todas nuestro cometido en la vida pública. Es decir, que se legislase una distinción clara y evidente entre funcionario como tal (aquel que posee unos méritos contrastados y una formación especializada) y el “trabajador público” (quien sin una preparación específica ejerce servicios de ‘mantenimiento’ para las instituciones). A estos últimos, que son también los que perciben un salario menor, no les recortaría ni un céntimo, pero a cambio de ciertas prerrogativas como esta eliminaría otras que han colaborado en extender la mala fama del funcionario. Cuando, en realidad, debiera ser al revés. Piensen sobre todo en aquellos maestros, profesores, médicos, letrados… que han hecho lo posible porque su vida sea más ilustrada, más sana y más justa.