Mita Valvassori, ed., Libro de las ciento novelas que compuso Juan Bocacio de Certaldo. Manuscrito J-II-21 (Biblioteca de San Lorenzo del Escorial), Madrid: Universidad Complutense de Madrid [Cuadernos de Filología Italiana, nº extraordinario], 2009 (ISSN 1133-9527), 340 págs.

Dos versiones castellanas del Decameron de Giovanni Boccaccio: a) la más antigua, contenida en el ms. J-II-21 de la Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial; b) la edición impresa en Sevilla: Meinardo Ungut y Estanislao Polono, 1496, reeditada luego en varias ocasiones (Toledo: Juan de Villaquirán, 1524; Valladolid, 1539; Medina del Campo: Pedro de Castro, 1543; Valladolid: Juan de Villaquirán, 1550). [Vid. Juan Carlos Conde, “Las traducciones del Decameron al castellano en el siglo XV”, La traduzione della letteratura italiana in Spagna (1300-1939). Traduzione e tradizione del testo. Dalla filologia all’informatica. Atti del Primo Convegno Internazionale. Universitat de Barcelona (13-16 aprile 2005), ed. María de las Nieves Muñiz Muñiz, Barcelona: Universidat de Barcelona-Franco Cesato Editore, págs. 139-156.

Un paralelo ibérico, la versión catalana anónima del Decameron conservada en el manuscrito 1716 de la Biblioteca de Catalunya, cuyo colofón indica la fecha (versión o copia) de 5 de abril de 1429, en la “vila de Sanct Cugat de Vallès” [Vid. Barbara Renesto, “Note sulla traduzione catalana del Decameron del 1429″, Cuadernos de Filología Italiana, nº extraordinario (2001), págs. 295-313; cuidado con la errata “1492” para la fecha en la introducción a la traducción del Decameron más consultada por los estudiantes, la de María Hernández Esteban, Madrid: Cátedra (Letras Universales, 150), 2005 (5ª ed), pág. 78].

Ninguna de estas versiones, romanceamientos o traducciones refleja con fidelidad el texto de Boccaccio, tal y como puede leerse en la edición canónica de Vittore Branca. Ninguna de ellas es idéntica entre sí y, aunque se han hecho algunos avances notables (Hernández & Renesto), queda por filiar con indubitable certeza su tradición textual: esto es cuál, fue el texto base de cada una de ellas y qué relaciones mantienen entre sí, si es el caso, y con otras circunstantes.

Desde el punto de vista del lector cultivado, la lectura de cualquiera de estas versiones (aunque siempre se habla de la vigorosa catalana) no sustituye la de su original o la de una buena traducción contemporánea. Pero desde el punto de vista de la historia literaria y cultural sí interesa disponer de los textos y entrar en averiguaciones acerca de por qué se han configurado así y no de otro modo, y cuáles son los motivos que pueden explicar, más o menos, sus “desvíos”, transformaciones o, como recordaba Juan Carlos Conde citando a Steiner, sus desplazamientos hermenéuticos.

Para ello, claro, es preciso de disponer de los textos, más allá, si es posible, de las poquitas bibliotecas en que se encuentran depositados sus “originales”. He aquí la cuestión. De la versión catalana se espera la edición crítica de Barbara Renesto. La que se inició para Barcelona: Barcino-Els Nostres Clàssics [A, 8, 17], 1926, 1928, con introducción de Carles Riba, quedó truncada en el segundo volumen. La edición de Jaume Massó Torrents, Johan Boccacci. Decameró. Traducció catalana publicada segons l’únic manuscrit conegut (1429), Nueva York: The Hispanic Society, 1910, es asunto, hoy, de bibliófilos.

La edición crítica más urgente es, sin duda, la de la “vulgata” castellana del Decameron, es decir, la edición sevillana de 1496 cotejada con sus reediciones (porque habrá que certificar metódicamente si es cierto que todas lo son punto por punto). Aunque cualquier profesional puede desplazarse a las bibliotecas públicas para leer el texto es necesario que este sea reintegrado a su tradición, empezando por la propia hispánica.

Finalmente, el texto que en verdad me ocupa hoy, el de la primera versión castellana conocida, el denominado Libro de las ciento novelas que compuso Juan Bocacio de Certaldo, aunque ya se sabe que el título es engañoso y el manuscrito ni recoge las cien novelas del Decameron ni mucho menos en el orden y con la estructura del Decameron, con lo que como experiencia de lectura resulta ser un texto muy distinto al de un Boccaccio completo.

De este texto existe edición, que perpetró Forger de Haan, “El Decameron en castellano. Manuscrito de El Escorial”, Studies in honour of A. Marshall Elliott, Baltimore: The John Hopkins Press, 1911, 2, págs. 1-235. Se suele decir que se trata de una edición inaccesible, aunque no es del todo cierto. Yo mismo, que disto mucho de ser un acaudalado bibliófilo, la poseo en mis anaqueles, en su edición original. Y por mor de las reimpresiones ahora cualquiera puede disponer de los dos volúmenes del homenaje con fecha de impresión de 2010. De todos modos, dado lo obsoleto de los criterios de transcripción empleados por De Haan, una nueva edición puede quedar justificada. Me parece entender que Jesús Echemendi se encontraba en ello, pero sin que su trabajo se haya culminado. Luego, Juan Carlos Conde, tanto en su artículo arriba mencionado (pág. 142, n. 7), como en conversaciones personales, me ha asegurado estar a la mano con la edición de este texto y del de la edición de 1496.

Se les ha adelantado por la mano Mita Valvassori, que ha publicado el texto en Cuadernos de Filología Italiana, nº extraodinario (2009). Se trata de una publicación previa a la defensa de su tesis doctoral, encaminada por dos perfectos conocedores tanto del texto como de sus problemas, Joaquín Rubio Tovar y María Hernández Esteban. La introducción es muy breve y no avanza nada fuera de lo ya conocido, pero tampoco lo pretende. Se trata simplemente de una presentación del texto, y posterga los resultados de la investigación a la tesis doctoral.  En este futuro próximo Valvassori promete “tratar de explicar cómo se entendió por primera vez el Decameron en España, cómo se trasladó y adaptó al nuevo público y a su cosmovisión” (pág. 9). Trata al manuscrito escurialense como una “copia parcial” de la que pudo ser la primera traducción castellana, aspecto que se suele soslayar (y en el que tampoco entra su nueva editora) pero que me parece fundamental. El propósito, de momento, no es otro que el de ofrecer “un texto legible y fiable al lector” (pág. 10). Para ello se atiene a los criterios y consejos estipulados en CHARTA, La edición de textos medievales y clásicos. Criterios de presentación gráfica, San Millán de la Cogolla: Fundación San Millán-Cilengua, en prensa. Es de alabar que la editora se preocupe también por los aspectos teórico-prácticos de la puntuación del texto, materia en la que cada vez abunda más la bibliografía. El texto que ofrece Valvassori, pues, es una transcripción crítica, donde todas las intervenciones van señaladas en nota, así como determinados detalles del manuscrito u otro tipo de decisiones editoriales. Valvassori ha añadido una tabla preliminar de correspondencias entre el manuscrito del Escorial y el Decameron en la edición de Branca. La presentación carece de resúmenes o estados de la cuestión de la materia, por lo que el que no conozca los detalles hará bien en consultar la también escueta bibliografía. El único reproche que se me ocurre, sin embargo, en este aspecto, es el de no haber dedicado las páginas preliminares a dos únicos asuntos: por un lado el de los criterios de edición, que sí aparecen resueltos y, por otro, una descripción exhaustiva del manuscrito acompañada de su pertinente bibliografía especializada completa. Estoy convencido de que ese apartado crucial sí aparecera en la tesis doctoral de Valvassori, cuyo esfuerzo y cuyo texto saludamos desde ahora.

 [Este texto es el avance de una reseña cuya publicación se especificará en su momento. Juan Miguel Valero Moreno (Universidad de Salamanca & SEMYR)]. Lo prometido es deuda, véase la versión muy ampliada y revisada AQUÍ