Que la capa se llevaba más larga en la España del Siglo de Oro que en los Estados Unidos de 1938 lo sabía muy bien el ministro Esquilache. Por eso no es de extrañar que nuestro héroe Don Quijote cotice más que el señor Clark en hábito azulgrana. Hace unos días se pagaron en Nueva York 1 millón de dólares por el número 1 de Superman, aparecido en Action Comics al precio de sisas de 10 centavos. Al parecer, de ese primer número, por su condición original algo deleznadera, quedan ya en el mundo muy pocos, y el mentado se ha vendido tan bien porque fue valorado en 8 sobre una escala de 1o en punto a buena conservación. Un 3/10, sin embargo, queda un poquito por debajo de 50.000 euros, algo menos, pues, de los 8 millones de pesetas.

Todo, todito todo es cada vez más relativo en este mundo. En 1989 un estupendo ejemplar de la primera edición del Quijote fue adquirido por Javier Krahe, envidia y admiración de todos los bibliófilos (tampoco tantos) que conozco, por la suma (habrá que pensar desde ya que ridícula) de 1,800.000 dólares. Queda depositado en la Biblioteca de El Cigarral del Carmen (Toledo).

No era mi idea, en “Acuse de recibo”, dar cuenta de los artículos que uno recibe, de los cuales nos colmamos los colegas y que consideramos una augusta y bendita plaga. Mi idea era dar cuenta sólo de algunos de los libros de los que se me hacía honra, según fuese la disposición del tiempo, que todo lo puede. Sin embargo, hago ahora excepción porque el artículo que enseguida mencionaré acabará formando libro, o al menos colección imprescindible para muchos casos y cosas. Es el siguiente:

PrinQeps 1605 [Grupo de Investigación liderado por Víctor Infantes], “Censo de ejemplares de la primera edición de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (Madrid, Juan de la Cuesta, 1605) [I]”, Anuario de Estudios Cervantinos, 6 (2010), págs. 23-70. Forma parte del monográfico Crítica, ecdótica y poética del Quijote, que publica la Editorial Academia del Hispanismo.

Con harta razón y santa indignación claman los integrantes de PrinQeps 1605 contra la incuria celtibérica que tiene desatendido asunto de tanto calado como el de cuántos ejemplares sobreviven de la primera edición del Quijote, dónde están, cómo están y otras lindezas por el estilo. El asunto, como recuerdan, no es baladí, pues filólogos, editores (no siempre filólogos), eruditos y otras cáscaras de intelectuales han basado sus textos y argumentos en ejemplares que, en verdad, no eran sino pacotilla. Leamos algunas de las sentidas palabras, muy apropiadas para el treno: “Es necesario añadir, por más que nos resulte incomprensible, que si el número de ejemplares conocidos hasta hace poco era sospechosamente limitado, las descripciones de los mismos -salvo (alg)una insólita excepción- no pasaban de unas desgarradas líneas para quitarse el muerto de encima cuanto antes; resulta sorprendente que en la mayoría de las ocasiones de cierta enjundia bibliográfica, que son las menos, se dedicaran algunas páginas a ponderar la importancia de la edición y se despachara de un rápido y lacónico plumazo la simple mención de sus características”. (cit. pág. 24)

Naturalmente todo ello se solventa con enjundiosas descripciones en el artículo del que se habla, que recoge 14 ejemplares, la mayor parte de ellos más o menos tullidos. Para una segunda salida se promete duplicar la cifra, con lo que se alcanzará la cifra de 28 ciertos: crucial para subastadores, libreros anticuarios, piratas bibliográficos, facsimiladores, tasadores y otros gremios de mal vivir. Por cierto que más de uno que haya pagado un riñón por “su Quijote” pudiera llevarse un susto y no pequeño. Por eso lo mejor creo yo que llegará con la tercera parte, esto es, el “Censo Negativo”, que descartará los ejemplares engañosos y/o fraudulentos (en lo económico o lo filológico). Las historias que allí se desgranen, por lo jugosas, tendrán en duermevela a más de uno: a los seguidores de la república cervantina nos harán agua los sesos; al bibliófilo de abultada cuenta corriente se le recomienda disponer en la mesilla de aspirina, por si llega el infarto; y mal año para los envidiosos que se alegren de la caída de aquestos. Pues eso, a esperar, pero con un despunte ya de nervios.

Ah, y que nadie diga ya que un Quijote es caro, pues ofrece muchas más páginas de entretenimiento por apenas un poquito más.