Voté, tanto en la primera como en la segunda vuelta. Felicito al nuevo equipo rectoral, al que deseo mucho trabajo y grandes resultados (mejor científicos y docentes que económicos, a ser posible, o que los primeros sean responsables de los segundos, todavía mejor).

Con todo, me impresiona la abrumadora abstención, el muy escaso interés que han despertado estas elecciones y sus candidatos entre la comunidad universitaria. Y lo peor de todo, la participación de los estudiantes de primer y segundo ciclo, que en muchos comunicados ni siquiera se refleja, es tan pequeña (ridícula) que resulta sonrojante.

Quizás un porcentaje de esos estudiantes sean festeros irresponsables; pero, ¿todos? No lo creo. Resulta muy preocupante. Si nuestros estudiantes no se implican en la vida universitaria de todos nuestro futuro común va a ser anecdótico e irrelevante para la sociedad. Urge contar con ellos para todo y que ellos consideren que esta disposición de la Universidad es real, que se les da auténtico protagonismo y responsabilidad. No son pasajeros de más o menos cuatro años, todo lo contrario. La universidad reside allí donde se encuentre cada uno de sus miembros, también una vez que estos puedan haber decidido dar fin a sus estudios reglados. Es decir, se trata de una condición humana, no administrativa.