Intermedio, un sello editorial creado en 2005 y comprometido con el cine de calidad ( una actitud que en la vigilia del 2012 de Roland Emmerich ya sólo se puede calificar como de romántica resistencia), pone en nuestras manos una película bizarra y de alto voltaje poético-simbólico: Perceval le Gallois, de Érich Rohmer (1978). El Perceval de Rohmer se basa en la novela (roman) del mismo título (también conocida como Li contes du Graal) de Chrétien de Troyes, compuesta en octosílabos pareados durante el último tercio del siglo XII.  

La película de Rohmer está contraindicada para espectadores convencionales, pero también un cinéfilo que no haya pasado por sus imágenes quedará sorprendido. Entiendo que la película puede provocar tres actitudes básicas: 1) esto no es cine y además es un disparate; 2) no consigo identificarme emocionalmente con la película pero deseo comprenderla; 3) es una maravillosa experiencia visual y he quedado cautivado por el misterio de aquella lejana historia de Perceval y el Grial. La actitud de los primeros, como es lógico, no nos interesa en absoluto. Para los dos casos restantes, lo mejor es ver o intentar ver la película sin prejuicios y con espíritu relajado (de aventura, sería lo idóneo). Tanto si nos incluimos en el caso 2 como en el 3, resulta casi preceptivo no conformarse con lo visto y ahondar luego en la obra y las ideas de ese señor un tanto antipático, Rohmer, pero de aguda inteligencia.

Si el mismo Rohmer hubiera desaparecido y se hubiera perdido toda memoria de su trabajo pero conserváramos Perceval, ¿cómo sería juzgada hoy? Es probable que como un film amateur. Y, sin embargo, su director seguiría siendo el “gran” Rohmer o su director de fotografía nada menos que ¡Néstor Almendros!, cuya altísima profesionalidad queda fuera de toda duda como responsable de la atmósfera onírica y fortaleza simbólica de las imágenes de Perceval. Sólo el olfato, la perspicacia o una información completa acerca de la gestación de la película nos situarán en la trayectoria correcta a la hora de ver e interpretar la película.

De ahí la labor de mediación tan importante del dvd complementario que acompaña la película. En él encontraremos una exquisita presentación a cargo de la profesora Victoria Cirlot, especialista en literatura artícula y el mito del Grial, donde se aprenderá lo esencial de lo que podríamos denominar claves retrospectivas de la recreación de Rohmer. Una vez conocido el punto de partida, el contexto medieval del texto que cautivó a Rohmer, comprendemos mejor las razones del director en cuanto atañe a la música, los gestos o el decorado. Una entrevista a Rohmer sobre Perceval y algunos fragmentos de sus ensayos nos introducen, por su parte, en las motivaciones y razonamientos intelectuales que justifican la novedad radical de esta recreación entre el conjunto de todas las películas sobre la caballería medieval, entre las cuales este Perceval es, por derecho propio, única e incomparable.

Las decisiones clave de Rohmer podrían resumirse como sigue: traducción del texto de Chrétien de Troyes al francés moderno en verso octosilábico (no en prosa, como era y es lo habitual); interpretación y montaje según la esética y usos del teatro, de donde la importancia de los planos generales como recurso dominante; utilización de decorados no naturales, de carácter simbólico, al estilo de las miniaturas de los códices medievales y relevancia de su “iluminación” (de ahí, por ejemplo, que un caballero sea tan alto o casi como las murallas del castillo junto al que se encuentra, o de la forma estilizada en la que se representan los árboles, etc.).

Pero nada como los propios ojos para valorar la sorpresa de esta película que a nadie puede dejar indiferente. Para el que desee comparar la película de Rohmer con una producción casi coetánea, obra de otro renombrado director francés, Intermedio también ha editado el Lancelot du Lac de Robert Bresson (1974).

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