Acuse de Recibo


Maria Gioia Tavoni & Paolo Tinti, Pascoli e gli editori, Bologna: Pàtron Editore [Collana Rivista Pascoliana, 7], 2012.

Una monografía esencial para comprender y repensar la figura (poco conocida en España) del Pascoli poeta y del Pascoli académico a través de sus relaciones culturales y comerciales con algunos de los impresores más relevantes de la Italia de sus días. Una historia de libros, contratos, acuerdos y desacuerdos, pequeños triunfos y grandes dificultades… En definitiva, una historia apasionante, confeccionada a partir de documentos inéditos y que nos muestra las fibras íntimas del orden cultural italiano entre Ottocento y Novecento desde sus tripas editoriales, desde dentro.

Sommario

Un «difficile arringo» di Andrea Battistini – Premessa – Nota al testo – Cap. 1. Quasi da pari a pari: editore e poeta a confronto – Cap. 2. Progetti mai realizzati – Cap. 3. Da lettere e da paratesti, novità editoriali nelle antologie di Pascoli – Cap. 4. Occasioni da afferrare – Cap. 5. Pascoli tradotto – Cap. 6. L’intermediazione necessaria fra «agenti», illustratori e Mariù – Indice dei nomi – Indice delle opere di Pascoli citate.

Si racconta qui per la prima volta la complessa vicenda che legò Pascoli, professore e grande poeta vissuto fra Otto e Novecento, ai suoi editori. Sullo sfondo di un Paese avviato al nuovo corso unitario, Pascoli intrattenne rapporti intensi, talvolta burrascosi, con molti esponenti dei mestieri del libro. Si trovò di fronte editori ma anche librai, tipografi, illustratori, traduttori, «agenti» editoriali e altri intermediari fra la scrittura e la sua diffusione pubblica, tanto in Italia quanto in Europa e oltre. È l’autore che dapprima tenta di inserirsi timidamente nell’editoria del tempo, con lo scopo di guadagnare denaro, necessario a far fronte alle molte difficoltà della sua vita. Tortuoso è il cammino pascoliano, che di casa in casa editrice, dalla livornese di Raffaello Giusti, editore delle prime Myricae (1891) e delle fortunate antologie latine (Lyra ed Epos), passa per il fiorentino Enrico Bemporad, per il messinese Vincenzo Muglia (editore dei Pensieri e discorsi, dove comparve il Fanciullino), sino a giungere a Remo Sandron, referente per le antologie per la scuola italiana, uscite tra il 1900 e il 1901 ed infine a Cesare Zanichelli, che dal 1903 acquisì i diritti per la maggior parte delle opere. Pascoli diviene autore affermato proprio alle soglie di quel Novecento che lo vide sfidare molti editori in ciò che egli stesso definì un «difficile arringo». A tutti egli promise opere mai pubblicate. Via via pretese un ruolo sempre più rilevante nelle clausole dei contratti editoriali, sinora rimasti inediti. Lettere e contratti rivelano infatti i compensi percepiti dall’autore e, soprattutto, le tirature. Dopo la morte del poeta, nel 1912, fu Maria, presenza costante nelle questioni editoriali del fratello, ad amministrare gli affari con Zanichelli, fino agli anni trenta quando, per ragioni di convenienza economica, i diritti furono ceduti a Mondadori.

Epistolario. Américo Castro y Marcel Bataillon (1923-1972), edición de Simona Munari, introducción de Francisco José Martín, prólogos de Claude Gilles Bataillon y José Lladó y Diego Gracia, Madrid: Biblioteca Nueva – Fundación Xavier Zubiri, 2012.

Debemos al trabajo paciente de Simona Munari la edición de 164 cartas cruzadas entre dos gigantes de la filología y la historia hispánica, Américo Castro y Marcel Bataillon. Son más las que se escribieron, que no se han conservado (en esto era menos cuidadoso Castro que su querido corresponsal) o que quedan en los archivos para su futura indagación y difusión. Son todas ellas testimonio de una amistad personal e intelectual admirable, en la que la diferencia (no tan ocasional) de criterios científicos nunca quebró la confianza entre ambos maestros. Por la correspondencia transitan varias décadas de glorias y miserias de Europa y de más allá del Atlántico. El periodo que atañe desde los preliminares de la Guerra Civil hasta la posguerra de la II Guerra Mundial, por ejemplo, es iluminador, pues muestra cómo Castro y Bataillon superaron las precariedades materiales y morales de esos años difíciles a través del trabajo, pero sin olvidar tampoco, en la medida que les era posible, el compromiso con los conceptos más básicos de la paz y la libertad. A través de las cartas se evidencia la integridad democrática de Castro y Bataillon, así como la inteligencia y perspicacia que les permitió pronosticar el calamitoso futuro al que luego ambos se enfrentaron, el triunfo de los totalitarismos en Europa y sus consecuencias. Pero esto, con ser bastante, es solo una porción de lo mucho que es dado aprender e intuir en la lectura por extenso de esta apasionante correspondencia. Gracias a Simona Munari por haberla recuperado para todos.

Un pequeño tirón de orejas para la editorial: ¡esos márgenes estrechísimos en los que se recogen los textos! Un poco más de dignidad en la impaginación de estas nobles letras quizás no hubiera costado tanto más, y habría redoblado el tributo necesario que ya supone, de por sí, esta edición.

H. Salvador Martínez, Berenguela la Grande y su época (1180-1246), Madrid: Polifemo, 2012

“Esta biografía ofrece una visión sorprendente de la sociedad peninsular del siglo XIII. Berenguela tuvo la suerte de nacer y vivir en la gran encrucijada de la historia peninsular de la Edad Media: el periodo central del siglo en el que se formaron los grandes centros del poder cristiano, desapareció casi completamente el enemigo musulmán que durante cinco siglos había sido la pesadilla de la Cristiandad y se produjo en toda Europa un renacimiento artístico y cultural como no se conocía desde la caída del Imperio romano. El renacimiento del siglo XII tendrá en la Península un desarrollo posterior que alcanzará su máxima expresión con el surgimiento del humanismo vernáculo, representado por la obra de su nieto predilecto, Alfonso X.La figura de Berenguela atrae como un imán a quien se acerca porque, en una época dominada por la fuerza y la violencia de la guerra, consiguió unir Castilla y León y apaciguar los enfrentamientos con Navarra, Portugal y Aragón mediante pactos y negociaciones diplomáticas, sin derramamiento de sangre.Una de las mayores aportaciones de esta biografía al conocimiento de Berenguela es el estudio del poder personal que poseyó, primero, como regente del reino de Castilla, y después, como correinante con su hijo Fernando III. Cuando se habla de poder femenino, obviamente no se refiere al manejo de las armas, ni a las violentas tácticas empleadas -por ejemplo- por doña Urraca para controlar a la nobleza, sino a otro tipo de poder, consistente en una extraordinaria habilidad personal, compuesta por inteligencia, agudeza, tacto, perspicacia y sobre todo prudencia, virtudes racionales que adornaron a Berenguela, no solo en su comportamiento personal (curialitas), sino también en la negociación de complicados acuerdos y treguas, en la gestión de las propiedades familiares y, sobre todo, en el gobierno y organización del Estado.Si la biografía de Alfonso X el Sabio, aparecida en esta misma colección hace algunos años, recibió el elogio de la crítica y mereció el Premio Internacional al mejor ensayo sobre Lengua, Literatura y Estudios Culturales de la prestigiosa revista La Corónica, la que ahora presenta sobre Berenguela la Grande muestra las mismas virtudes y representa un exhaustivo intento de recuperación de una de las figuras más atractivas de la Edad Media peninsular”.

El abad don Juan, señor de Montemayor. La historia de un cantar, edición, introducción y notas de Ana Martínez Pereira y Víctor Infantes, Madrid/Frankfurt: Iberoamericana/Vervuert [Medievalia Hispanica, 16], 2012.

Se trata de un texto de importancia mayor (la historia de un renegado cristiano en tiempos de Almanzor) y que, en consecuencia, merecía una actualización con sólidas bases críticas y textuales. El texto de la Historia (según la primera edición conservada, ca. 1502) va acompañado de un amplio aparato crítico y numerosas glosas interpretativas, así como de una introducción en la que destaca su “historia bibliográfica”. Se añade como apéndice la versión “breve” de la historia que se contiene en el capítulo 287 del Compendio historial de Diego Rodríguez de Almela.

Copio la breve presentación que figura en cubierta: “Esta edición de la Historia del aban don Juan de Montemayor rescata una de las leyendas medievales de mayor fama y difusión en las relaciones literarias de España y Portugal, gestada en una fecha imprecisa de los siglos XII y XIII. La inexistencia de una edición moderna asequible de la obra, tras la que realizó Ramón Menéndez Pidal a comienzos del siglo XX, aconsejaba preparar de nuevo el texto para los lectores actuales, con el cotejo de todos los testimonios conocidos, anotando las peculiaridades lingüísticas y culturales de un escrito medieval y ofreciendo una introducción con los pormenores históricos y literarios de la gestación de la leyenda y sus manifestaciones literarias más relevantes.”

Como augurio (benéfico) para el Nuevo Año (2012) se han presentado los Reyes con dos textos (que algo de textículos tienen, la verdad) como no se los puede imaginar más risueños.

El uno contiene remedios tan útiles como para quitarse las pecas de la cara, la depilación definitiva (sin láser, con cal viva), hacer que graje un cuervo pintado en la pared, introducir una carta en un huevo (¡sí, sí, pásmense!) o hacer que un pollo o capón ya servido en la mesa y bien cocido salte para susto o regocijo de los comensales. No cabe sino preguntarse cómo puede haber pasado la moderna humanidad sin todos estos reparos y lindezas de manifiesta utilidad pública y privada. Nadie como Víctor Infantes para adivinar la necesidad de la nueva puesta en circulación de este texto en los tiempos que corren. Ahí va la referencia:

Juan Agüero de Trasmiera, Probadas flores romanas de famosos y doctos varones, compuestas para salud y reparo de los cuerpos humanos y gentilezas de hombres de palacio y de crianza (c. 1512), prospecto y edición de Víctor Infantes, Madrid: Turpin Ediciones [Los Libros de Sansueña, 2], 2011.

El otro contiene una pequeña historia grotesca, una extravagancia popular, pero que al mismo tiempo recuerda a esos modelos de ironía, sarcasmo o simple y puro alegre ingenio entre los que se pueden citar nombres como Sinesio de Cirene, Boccaccio o Quevedo. Se trata de un cuentecito que relata una abuela a su nieto (¡oh, aquellas infancias de oídos no tan castos como los de hoy!) recogido por tradición oral en Banzi (Potenza). El texto “original” viene acompañado de una traducción toscana, pero el sabor del primero conviene paladearlo aunque no se entienda de la misa la media, por el puro gusto del galimatías. La historia es tan edificante como su tema: los tres pedos que se tiró un borrico. ¿Quién se resiste a saber en qué para la cosa? Ahí va también la referencia:

I tre peti dell’asino, a cura di Michele Feo, con 4 immagini di Maria Coviello, Pontedera: Bandecchi & Vivaldi [Befanini & Carpinesi, 20], 2012.

Si uno recibía cuando era monicaco un billetito marrón, con la cara de ese Falla de ultratumba, o uno morado con esa Rosalía à la garçon, era cosa de comprensible alegría. Pero al cabo, y se hiciera lo que se hiciera con él, no era más que dinero (vil papel). Mucho más honrado, el papel, es el de los aguinaldos navideños que esta mañana he recogido: son de procedencia noble, pues pertenecen al hacer y gusto de dos de los más grandes expertos en la historia de nuestro libro español (pero también de otros). El de Pedro Cátedra es un pequeño pliego en papel de hilo celeste con unas sencillas y elegantísimas Pascuas a color entre Florida y Mares del Sur. El pliego encartado que me envía Víctor Infantes es uno de los ejemplares numerados en los que Marcelo Grota y Elena Di Pinto estudian y nuevamente imprimen un jacarandísimo Baile nuevo entremesado de la Imprenta (c. 1670) que andaba dormido por la Nacional.

No me resisto a transcribir las palabras con que se presenta a Amor un/el Soldado, digno representante de los Tercios de Flandes:

“Yo / he sido soldado en Flandes, / la Pulla y la Picardía / veinte años, como lo saben / cimbrios, lombardos y godos, / esguízaros y alemanes.”

Y deogracias

Antonio Rodríguez Villa, Memorias del Saco de Roma. El relato documental del asalto y saqueo de Roma en 1527, estudio preliminar de Ana Vian Herrero, Córdoba: Almuzara, 2011; LX+347 págs.

Saludamos hoy la reaparición de una de las obras claves del diplomático, archivero, bibliotecario, académico de la Real de la Historia, constitucionalista y, en fin, erudito y madrileño, Antonio Rodríguez Villa (1843-1912).

La investigación de Rodríguez Villa recogió por primera vez un corpus de documentos esenciales sobre uno de los pasajes más célebres de la historia de la España imperial, sintetizado con esta galanura y brío por Ana Vian en su introducción crítica (pág. XIV):

“Los soldados mercenarios del emperador Carlos V (alemanes, españoles e italianos), en harapos, hambrientos y sin paga desde semanas antes, atraviesan la Península Itálica a principios de mayo de 1527 siguiendo al Duque de Borbón con la promesa de asaltar Roma. Negociaciones y conversaciones entre el Condestable y las fuerzas de la Liga de Cognac, encabezadas por el Papa, han fracasado. Las últimas consignas del Virrey de Nápoles , Charles de Lannoy, no llegaron, según algunos, a Borbón, o simplemente fueron desoídas, lo que se confirma como más verosímil. El 6 de mayo de 1527, lunes por la mañana, una densa niebla parece proteger mágicamente a los asaltantes, debilitados y sin artillería, que sin embargo alcanzan a traspasar la muralla de la ciudad santa. El Duque de Borbón muere de un arcabuzazo. Nada ni nadie pudo detener a aquellos soldados violentos durante casi diez meses. El Papa quedó preso con un puñado de cardenales en el castillo de Sant’Angelo.”

En su estudio preliminar, Ana Vian, especialista en la literatura y la historia del llamado “Saco de Roma” (entre su dilatada bibliografía al propósito cabe destacar El “Diálogo de Lactancio y un arcediano” de Alfonso de Valdés: obra de circunstancias y diálogo literario (Roma en el banquillo de Dios), Toulouse: Presses Universitaires du Mirail, 1994), afronta con perspicacia crítica los relatos de este hecho histórico y sus motivaciones (políticas, religiosas, culturales, económicas…) desde el siglo XVI hasta los inicios del siglo XX. Son reveladoras las páginas dedicadas al juicio de la obra de Rodríguez Villa en paralelo al mismo asunto tratado por Antonio Cánovas del Castillo y cómo ambas miradas se dilucidan condicionadas por los debates de carácter historiográfico de su contexto cronológico. Las páginas dedicadas a la literatura y, en un sentido más amplio, a la producción textual en torno a la interpretación de este acontecimiento, presentan en toda su complejidad y expansión genérica la cuestión palpitante que supuso para el destino de Europa el Saco de Roma. Una lección para el presente y el futuro.


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