Diciembre 2008


En el ámbito del Institut Universitari de Cultura de la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona) y bajo la dirección de Victoria Cirlot se celebrará entre los días 18-19 de febrero de 2009 el Coloqui Imatge i Texte en la cultural medieval i en el segle XX.

El Programa y otras informaciones de interés puede consultarse en la WEB del Coloquio y Seminari d’Estudis Medievals.

Inés Fernández-Ordóñez ha sido nombrada miembro de la Real Academia Española a propuesta de José Antonio Pascual, Margarita Salas y Álvaro Pombo. Ocupará el sillón ‘P’ que dejó vacante el poeta Ángel González. Es la primera mujer filóloga en ingresar en la RAE, y una de las cuatro mujeres que ocupan sus sillas, junto a Ana María Matute, Carmen Iglesias y Margarita Salas. Su trabajo, inconmensurable y siempre excelente, es un ejemplo para todos y justifica, como pocos, su designación para la Academia. ¡Enhorabuena!

Ha aparecido el número 32 de la revista Celestinesca. Aquí se puede consultar el ÍNDICE.

Congreso Internacional. Lectura y Culpa en la Europa del siglo XVI

En el 450 Aniversario de la publicación del Índice de libros prohibidos de Valdés (1559)

San Millán de la Cogolla, 6-8 de marzo de 2009

Organizan: Cilengua, Instituto Biblioteca Hispánica, Instituto de Historia del Libro y de la Lectura, Universidad Autònoma de Barcelona, Poética Europea del Renacimiento

Con la Ayuda del Ministerio de Ciencia e Innovación

Existen Becas para jóvenes investigadores

Retransmisiones en directo y más información en la web de Cilengua

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Bolonia como unidad de medida es el título de un artículo de opinión publicado en El País (05/12/2008) y firmado por Josep Joan Moreso, rector de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. La Universidad del Dr. Moreso es un ejemplo de eficacia científica y académica en España, dinámica, como desde hace tiempo se dice, y adaptada a los tiempos sin renunciar a la gran tradición intelectual catalana.

Dicho y reconocido esto, el Dr. Moreso escribe uno de esos artículos llenos de mesura y ponderación que encubren mal, sin embargo, su enorme condescendencia con el lector en general y con el estudiante en particular. Una retórica eficaz y persuasiva no siempre sirve a la verdad, como bien sabían los sofistas de la antigua Grecia y los sofistas de hoy. El artículo, efectista, se abre como se cierra, en un pretendido redondeo racional. Propone mediante el ejemplo: el sistema métrico decimal fue finalmente adaptado en la Francia republicana de finales del siglo XVIII pese a las resistencias de las fuerzas involucionistas y algunos sectores radicales aliados contra el progreso y la razón.

Pues yo diré que el sistema métrico decimal y el llamado Proceso de Bolonia son incomparables, porque el uno mide materias y el otro, que no es un sistema cerrado, ha de ocuparse de promover y medir las inteligencias, cosa tan intangible como el espíritu. El Dr. Moreso podía haber establecido otro paralelo, la imposición del euro en la Unión Europea, pero no le convenía para que no se establecieran vínculos con el nuevo mercantilismo al que algunos piensan que la nueva universidad europea se verá embocada.

La condescendencia de la que hablaba al principio es brutal al término de dicho artículo: “Habrá un día [diríase que tenemos entre las manos un cuento tradicional], no muy lejano, [en] que las manifestaciones y las movilizaciones minoritarias pero activas contra el proceso de Bolonia dormirán en el desván de la historia junto con tantos otros rechazos contrarios a la razón”. Señor Moreso, ¿usted cree que la única historia de la humanidad es la de los éxitos de lo que usted llama razón? Hable, urgentemente, con sus profesores de historia y filosofía, por favor.

Usted parece querer enviar al desván de la historia a los estudiantes de la universidad española (al menos a los estudiantes movilizados o interesados por conocer su destino), pero no ha escuchado antes la voz de esos estudiantes. Su discurso adolece de la misma sordera institucional y académica que muestra su colega el Dr. Berzosa.

Ante todo, los estudiantes no están en desacuerdo con el Proceso de Bolonia ni contra el Espacio Europeo de Educación Superior, ni mucho menos contra las reformas de nuestro caduco sistema universitario, sino contra la forma en que previsiblemente se van a aplicar estos cambios. No se trata de una cuestión de miedo, sino de experiencia, pues la última reforma universitaria y de la educación primaria y secundaria ha sido, en general, un desastre. ¿Por qué no nos fijamos más los profesores en nuestras carencias y defectos que en los supuestos desbarres de los estudiantes?

Se dice que el estudiante desea no asistir a clase, dando a entender que el estudiante es un vago redomado. ¿Y qué hay de esos profesores que leen sus apuntes como si fueran palabra sagrada? ¿Qué interés tiene perder el tiempo en clases como esas, que no son magistrales, sino asnales? La Edad Media, siempre tan perspicaz, coronaba a estos catedráticos con orejas de burro. Y aquellos burros, como los de ahora, procuraban hacer la vida imposible a los colegas que entusiasmaban a los estudiantes y cuya curiosidad intelectual ponía en evidencia la inanidad de sus cerebros. ¡Pobre Abelardo!

Respecto a las cuestiones financieras los estudiantes, que suelen tener el bolsillo frío, sospechan (y hacen muy bien) de los precios de la futura universidad, y de la posición que tendrá en ella la empresa privada. Si quieren detener estas protestas el procedimiento es sencillo. Digan el gobierno y la universidad cuáles serán los precios previstos para cada uno de los momentos de la enseñanza universitaria y fijen un límite, tanto a estos precios como a la capacidad de decisión de las empresas una vez integradas en el espacio universitario. Por ejemplo: un directivo o ejecutivo de una empresa privada jamás debiera formar parte del Claustro universitario. Puede ser discutible, pero debe quedar claro qué se va a hacer, cómo y por qué.

¿Cómo no va a desconfiar el estudiante de los silencios, condescendencias y a veces abierto desprecio de la universidad para quien es parte inseparable de su cuerpo? Es como si quisiéramos pensar con el corazón en la mano: no llegará la sangre al cerebro.

Reforma sí, es muy necesaria, pero pactada, con toda la cautela y prudencia, y sin menosprecio de ninguna de las partes que han de firmar este contrato de futuro.