Noviembre 2008


Las noticias sobre los movimientos estudiantiles en contra del llamado proceso de Bolonia se han servido hasta ahora con cuentagotas y, más que nada, a partir de protestas llamativas como los encierros o las supuestas agresiones (digamos incomodaciones) a un grupo de profesores de Derecho en la Universidad de Valencia.

La posición de los medios tradicionalmente simpáticos a las revueltas estudiantiles es fría y distante, por lo general, aunque me congratula la opinión favorable y al mismo tiempo moderada de Javier Ortiz en Público (27/11/08). Como los recogidos de Barcelona, Madrid, Sevilla o Valencia no caminan rodeados de los intelectuales afectos al poder o a la publicidad, sus reivindicaciones pasan por incómodas. Sobre todo para los Rectores que los representan, tanto a ellos como al que consideran su propio y casi exclusivo gremio, el de los profesores (añádase profesores funcionarios). Sin embargo, no me cansaré de insistir en ello, la Universidad es, antes que otra cosa, el conjunto indisoluble de sus alumnos y profesores.

Ayer, en Cuatro, pudimos escuchar una entrevista de Iñaki Gabilondo a Carlos Berzosa, Rector de la Universidad Complutense de Madrid. Ignoro en qué quedaría el diálogo completo porque no dispongo de acceso a CNN+. El caso es que me pareció ver a un Iñaki Gabilondo muy en forma, sabiendo o sospechando todo aquello que en los políticos y, claro, en los rectores, son reticencias y asuntos callados para tratar bajo la mesa camilla. No consiguió arrancar de Berzosa más que vaguedades y la impresión de un desconocimiento profundo de las inquietudes, que no consignas, de los estudiantes.

Hoy en día se extiende la opinión de que Bolonia es inevitable, que se trata de una ley Europea aprobada por el Parlamento español. Y, además, de que los estudiantes son una especie de antieruopeos porque no respetan un plan en el que su representación ha sido ninguna o meramente testimonial, a pesar de ser los mayores afectados, para bien o para mal. Se dice también (dicen los rectores allá donde se les pregunte) que los estudiantes no pueden, no quieren o no saben dialogar, y que son intransigentes en sus demandas las cuales ellos, los rectores, naturalmente, no pueden, no quieren o no saben satisfacer.

Los mismos rectores hablan de Bolonia como si lo que se pactó en aquella Declaración de 1999 fuera lo mismo que cada uno de los gobiernos va a aplicar en sus respectivos países. Los principios de dicha Declaración no son malignos per se. Al contrario, están cargados de buenas intenciones, como el camino que conduce al Infierno. Los únicos antiboloñitas (vamos a escribirlo con ñ) son aquellos a los que no seduce la salsa boloñesa. Porque los estudiantes españoles a lo que se oponen no es a Bolonia (esa especie de santo y seña que se dice rápida en un informativo), sino a la reforma particular que pretende aplicar el gobierno de España y una constelación de consejeros (a veces muy mal aconsejados).

Los estudiantes NO creen que la reforma vaya a privatizar la Universidad, sino que la Universidad tenderá, según el nuevo modelo, a funcionar como una empresa privada, e incluso al dictado de algunas empresas privadas, pero con fondos públicos. Esto es una cosa muy pero que muy distinta. Digamos que se pactan unas prácticas con una empresa privada. Hasta ahí muy bien, por aquello de la integración con el mercado laboral. Pero, ¿y si un departamento o un grupo de investigación básica dedica los esfuerzos de sus alumnos e incluso investigadores a cumplir con las necesidades de una o varias empresas antes que con aquella investigación básica que puede ser esencial para la sociedad? Para evitar estas trampas y que la Universidad provea de cerebros baratos e incluso gratuitos a las empresas, formados con dinero público, de todos, es preciso imponer unas condiciones muy estrictas de alimentación recíproca. Asuntos como éste deben ser explicados con meridiana claridad. Los políticos y rectores debieran dejarse de distracciones y embustes y aclarar las cosas no sólo ante los estudiantes sino ante la sociedad entera, que paga sus lindos puestos.

Los estudiantes temen que se van a perder asignaturas. Pues sí, así va a ser, y quizás no sólo asignaturas, sino también materias y disciplinas concretas. Si las reformas se llevaran a un límite que nadie debiera desear, desaparecerían las matemáticas o el latín y el griego como grados a estudiar en la mayoría de las universidades españolas. El sistema de cuotas de alumnos para los grados (o hay tantos alumnos por año o no hay grado) no es viable para la mayoría de las disciplinas más tradicionales de nuestra universidad y mucho menos para las humanidades, cuya conexión con la empresa es tan tenue en España (al contrario que en el Reino Unido, por ejemplo) frente a las ‘naturalidades’.

Los estudiantes se quejan porque se va a controlar la asistencia a clase. Un asunto menor, de acuerdo, pero no tanto. En efecto, los estudiantes tendrán que dar cuenta de sus horas de trabajo y tendrán dificultades para combinar trabajo y estudio, lo que limita, por ejemplo, la formación superior integral para personas ya integradas en el llamado mercado laboral. El problema de la asistencia y el trabajo va ligado, se quiera o no, al de las tasas. Las tasas de un grado básico no parece que vayan a ser muy superiores a las actuales, pero sí las de la formación que pueda garantizar, en la realidad, un trabajo. Es decir, los estudios de posgrado, máster y doctorado, que elevarán sus tarifas a precios muy altos para la tradición de nuestro sistema universitario y para los que no se ha propuesto un sistema sólido de ayudas y becas, o que al menos sea creíble para los estudiantes.

Claro que hay que hacer reformas, y muy necesarias, pero a ver si va resultar lo de siempre, que tomamos de lo malo lo peor.

Cuatro palabras sobre la Reforma UNIVERSITARIA | Bolonia (EEES)

Hace unos pocos años tuve la oportunidad de impartir clases de español en la Université Paris XIII-Nord (Villetaneuse). Es una de aquellas universidades parisinas del extra-radio que se crearon después del movimiento universitario iniciado en Nanterre (Paris X). Por aquel entonces, profesores y alumnos, que son quienes en propiedad conforman la Universidad, tuvieron, junto a intelectuales de varias corrientes y obreros, siquiera durante un período limitado pero intenso de tiempo, la voz y la palabra. De aquellos movimientos sociales e ideológicos surgió un nuevo orden, que desencantó a la mayoría de los que habían protestado en las calles. No corresponde hoy hacer la apología de tiempos pasados (que no fueron mejores, por cierto, aunque sí, parece, míticos o legendarios).

Pues bien, en esa Universidad de Villetaneuse, sólo un poco más allá de la conflictiva zona de Saint-Denis, gran parte de mis alumnos eran hijos de inmigrantes, por lo general procedentes de las Antillas y África. En una ocasión se me ocurrió preguntar cuál era para ellos la mayor virtud del Estado francés. La respuesta fue unánime: su sistema educativo, el hecho de que tuvieran acceso gratuito a la enseñanza, incluso a la superior, y un completo sistema de becas. Los alumnos españoles probablemente no responderían de esta manera. Parece que en España se da por hecho, y hemos olvidado que se trata de un privilegio inusual para la mayor parte de los habitantes de este mundo. De hecho, los estudiantes de Paris IV, la Sorbona, no contestaron nunca que consideraran la educación como lo mejor de Francia, porque ellos son, en general, unos privilegiados. El estudiante de una universidad con menor éxito y proyección, de condiciones menos idóneas para el estudio, valora mejor lo que tiene que el estudiante de una institución más elitista, con mayor tendencia a considerar que es él el que hace un favor a la sociedad, consagrándole los frutos de su cráneo privilegiado.

¿Conviene reformar un sistema universitario, como el español, que garantiza la formación superior para todos a unos costes muy moderados para el alumno o sus familias? ¿Reforma? Sí, ¿pero a qué precio? ¿Qué se gana y qué se pierde con la Reforma?

Si el proceso de Bolonia fuera realmente transparente podríamos responder a estas preguntas con suma facilidad. Lo único que parece claro que se gana, y es discutible, es la posibilidad de homologar todos los títulos universitarios europeos, se estudie en la universidad que se estudie. La forma de hacerlo es homogeneizar los estudios en todo el espacio de la Unión Europea. ¿Conviene realmente una homogeneidad total? ¿No debería ser la única homogenedidad válida la de la excelencia, antes que la de los programas o las administraciones? Ahora un estudiante Erasmus tiene la suerte o la desgracia de vivir experiencia docentes ‘únicas’, según el espacio de la Unión que elija para sus estudios. Pero, ¿se puede homogeneizar todo?

Homogeneidad. Es claro que el movimiento de sístole y diástole es propio de un corazón vivo, sea del Alentejo o de Estrasburgo pero, ¿y las leyes de sucesión del patrimonio, que no son homogéneas ni siquiera dentro de un territorio como el español? ¿Es igual de válido un modelo para las llamadas ciencias que para las humanidades (un tipo distinto de ciencia)?

Educación Superior. Si la educación es superior, ¿por qué la Licenciatura actual se degradará en un Grado, con un nivel formativo inferior al actual? Hasta el Grado la enseñanza será poco onerosa y más o menos igualitaria; también básica, demasiado básica. Pero, ¿qué se puede hacer con un Grado? Un Grado universitario no es un módulo formativo de Formación Profesional. Las destrezas universitarias tienen poco que ver con esa otra rama formativa (que considero imprescindible, por otra parte).

Costes y becas. Si se desea obtener una formación más completa será necesario cursar un posgrado, un máster u otro tipo de enseñanza super-superior. Aquí la igualdad se deshace y las cuotas imposibilitarán al estudiante medio y de escasos recursos proseguir con su formación, dejándolo al desamparo de su básico Grado. No puede argumentarse nada acerca de un sistema de becas que todavía no se ha garantizado y que hasta ahora, en España, ha sido siempre deficitario.

Hipocresía. Si al menos tuviéramos el consuelo de que en nuestras universidades se va a formar a partir de ahora una auténtica élite intelectual, de que las futuras universidades fueran a ser el alambique de la excelencia, muchos se dejarían llevar por la soberbia intelectual: ¡Qué estudien sólo los mejores, los más inteligentes! ¡Ya está bien de alumnos que sólo tienen ese nombre en las matrículas y que no saben ni leer! ¡Y además pasan sus días de fiesta en fiesta!

Mercantilización. Pero la realidad no es esa. Según misteriosas directivas, nada transparentes, tendrán que desaparecer las titulaciones que no alcancen un número x de matriculados en su primer año, cada año. La cuota es de unos 25 alumnos, lo que pone en serio riesgo de desaparición a licenciaturas tan sólidas como Matemáticas o Clásicas. ¿En qué quedamos, masas o excelencia? Se pretende una gestión empresarial de las universidades en orden a beneficios económicos pero se disfraza esta pretensión con supuestas bondades intelectuales.

Excepciones y limitaciones. Lo cierto, sin embargo, es que la auténtica excelencia sólo se da en grupos reducidos, a veces reducidísimos, como suele ocurrir en Cambridge o en Oxford que, claro, quedan al margen de las reformas. Más alumnos, más matrículas, pero menos plantillas de profesores. ¿Cómo hacer el seguimiento tutorial absolutamente personalizado, defendido con tanto optimismo, en clases de 200 alumnos? Es preciso reconocer que en casos concretos se han cometido excesos y se ha hinchado el cuerpo de funcionarios.

Evalucación. Pero los fallos del sistema son fáciles de detectar: ahí están los currículos de los profesores, sus sexenios concedidos o no, y tantos otros medidores, en estos tiempos contradictorios de la evaluación total. El valor de un profesor, en consecuencia, no es sólo el de sus alumnos matriculados, sino, también, el de su capacidad docente, como estimulador de un pensamiento crítico y creativo, y el de su investigación, concepto cada vez más irrelevante, al parecer, pero que debe ser valorado de forma rigurosa y, en ocasiones, prioritaria.

Reformas. Las reformas son necesarias, constituyen el fundamento mismo del progreso, la investigación y la educación. Pero estas reformas deben ser gobernadas por las propias instituciones y personas que van a reformarse, y no por una administración ajena y distante cuyos criterios y prioridades están más cerca del bolsillo que del cerebro. De otro modo nos resignaremos a la máxima cínica de que “es necesario que todo cambie para que todo siga igual” y, añadiría, o peor.

En las direcciones web contenidas en los hipervínculos podrán consultarse por completo las traducciones al español de la Ilíada y la Odisea según Luis Segalá y Estalella. Los textos han sido preparados por el mejicano Roberto Salinas Price para un sitio web dedicado a asuntos homéricos. Es preciso advertir, con todos nuestros respetos, que algunas de las informaciones allí contenidas pueden contener errores desde el punto de vista histórico-filológico o no gozan de gran aceptación en el mundo académico. Las versiones de Luis Segalá y Estalella son, sin embargo, fiables y ya clásicas en el mundo hispánico.

homerito

Este Congreso se celebrará entre los días 20 y 22 de noviembre de 2008 en las sedes de Castello del Buonconsiglio (Trento) y Castel Roncolo (Bolzano). La directora del Congreso es la prfa. Claudia Demattè (Università degli Studi di Trento).

Pueden solictar más información a segreteria.sllf@lett.unitn.it

 

El profesor José M. Fradejas Rueda impartirá en el Magdalen Iberian Medieval Studies Seminar (Magdalen College, University of Oxford), la conferencia titulada Falconry in the Iberian Peninsula: its History and Literature.

Jueves 20 de noviembre de 2008, 5:00 pm.

Dirige el MIMSS el profesor Juan Carlos Conde

Quinto centenario de Amadís de Gaula

Seminario sobre literatura artúrica y neoartúrica peninsular

 

Organiza: Área de Filología Románica

Colaboran: Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Granada. Proyecto de Investigación DGCYT 2005, núm. HUM 2006-01141/FILO y Grupo HUM658.

Lugar de celebración: Sala decano José Palanco

Información e inscripciones:

Departamento de Filología Románica, Italiana, Gallego-portuguesa y Catalana.

La asistencia es libre, aunque se expedirá un certificado a los alumnos que formalicen su inscripción mediante un ingreso de 10 euros. Cuenta de Caja Granada: 2031-0000-08-0101745257. Concepto: “Quinto centenario de Amadís”

 

12 de noviembre de 2008 

 

10:30 a 11:30. Sesión inaugural

-Carlos Alvar (Université de Genève), Amadís de Gaula: del primitivo al de Montalvo.

12:00 a 14:00. Primera sesión de ponencias y coloquio. Sobre el amor

-Luzdivina Cuesta (Universidad de León), El triángulo amoroso en la literatura artúrica y en el Amadís.

-José Julio Martín Romero (Universidad de Jaén), El amor en los textos artúricos y caballerescos.

Coloquio. Modera: Lourdes Sánchez Rodrigo.

16:00 a 18:00. Segunda sesión de ponencias y coloquio. Temas viejos, tiempos nuevos

-Paloma Gracia (Universidad de Granada), Reescribir a Merlín en la Castilla tardomedieval y renacentista. Los Baladros de 1498 y de 1535.

-Juan Paredes Núñez (Universidad de Granada). “Dichosa edad y siglo dichoso aquel adonde saldrán a luz las famosas hazañas mías”.

Coloquio. Modera: Enrique Nogueras (Universidad de Granada).

18:30. Sesión de clausura

-Juan Manuel Cacho (Universidad de Zaragoza), Los grabados de las primeras ediciones del Amadís de Gaula.

 

Comité organizador:

Paloma Gracia (Universidad de Granada)

Enrique Nogueras (Universidad de Granada)

Juan Paredes Núñez (Universidad de Granada)

Secretario:

Juan García Única (Universidad de Granada)

enseñar la literatura medieval

Problemas y propuestas

13 de noviembre de 2008

Universidad de Granada

 

Organiza: Área de Filología Románica

Comité organizador: Paloma Gracia (Universidad de Granada); Enrique Nogueras (Universidad de Granada); Juan Paredes Núñez (Universidad de Granada)

Secretario: Juan García Única (Universidad de Granada)

Lugar de celebración: Mañana: sala decano José Palanco | Tarde: aula García Lorca

Información e inscripciones:

Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Granada

Departamento de Filología Románica, Italiana, Gallego-portuguesa y Catalana

La asistencia es libre, aunque se expedirá un certificado a los alumnos que formalicen su inscripción mediante un ingreso de 10 euros. Cuenta de Caja Granada 2031-0000-08-0101745257. Concepto “Enseñar la literatura medieval”